Siempre he querido ser guapa, como todas las mujeres –aunque algunas no lo quieran admitir- queremos estar más lindas que la de al lado, o al menos igualarla. Como la realidad es otra, algunas -como yo- optamos por explotar lo bueno, esconder lo feo y mejorar lo que es posible sin bisturí, en mi caso eso se traduce en tapar el exceso de calorías de muslos y caderas, ponerme un buen sujetador push up, acentuar mi cintura y usar
un maquillaje ligero. No soy un adefesio pero tampoco una reina de belleza, reconozco cuáles son mis puntos fuertes y odio esas sobras que presentan algunas partes de mi cuerpo, la ciencia como todo está en lograr un bonito conjunto.
Lamentablemente estamos en Julio, y en el hemisferio norte empieza el problema, y es que a medida que empieza a hacer calor y aquí hace DEMASIADO calor no quedan muchas opciones para tapar lo feo, por el contrario o queda todo
a la vista o pareces musulmana. Como no tengo interés en padecer el verano europeo dentro de apretadas ropas que emulen el efecto de una sauna, modero la regla del tapar lo feo y hago mayores esfuerzos de realzar lo bonito, mejorando lo mejorable, de tal manera que para la fase más complicada del verano, la “visita a la playa” he aplicado mi política estrictamente, sin dejarme llevar por la moda actual y los colores brillantes que tantas ganas dan en estas fechas, me compré un biquini adecuado a mis falencias corporales, es cierto que extraño la cobertura -o más bien “tapadera”- que me da un buen pantalón, pero que se le va hacer celulitis tenemos todas y contra eso no se puede hacer nada.
Superado lo anterior surge el problema de toda la vida, un asunto que había asumido con estoica valentía años atrás pero que ahora me pesa y me molesta, soy chilena, y como latina todos pensarán que debería tener esa bronceada piel que la mayoría de los suda
mericanos puede exhibir para la envidia del resto, pero NO…¡¡¡, muy chilena seré pero mis padres me heredaron genes que no incluían nada de color castaño, no es que no me gusten, si para algunas cosas esta bien, pero mi piel es más blanca que la leche y lo peor es que no logro broncearme, si llego a ponerme bajo el sol sin aplicarme antes una crema con un factor de protección solar inferior a 50 lo único que obtengo es una maravillosa insolación, mi piel pasa del inmaculado blanco al rojo cangrejo o “jaiva” como dirían en mi país, y luego de pasármelo fatal durante un par de días viene la parte más linda, la piel se me empieza a pelar o “despellejar”, en resumen lo que me sucede es pasar de blanco a rojo para terminar en manchado.
Ante ese pronóstico llevo ya varios veranos asumiendo el blanco y proclamando a tres vientos sus ventajas (menos arrugas, evitas una enfermedad de piel, etc.), pero la
verdad es que son solo patrañas para esconder mi más absoluta envidia de aquellos que si lo obtienen, ese maravilloso color bronceado que hace que cualquier prenda de ropa se te vea diez veces mejor, sobretodo si se trata de colores veraniegos, a si que este año me revelo nuevamente contra mi ADN y tomaré el sol con todos los productos de bronceado que existan hasta que encuentre uno que me haga efecto, me aguantaré cual lagartija bajo el sol ardiente hasta conseguir el tono de piel que siempre he soñado, al final de la temporada me pasearé como pavo real vestida de blanco por la costanera y me sacaré miles de fotos para recordar que alguna vez si logré ser morena.
Hasta mañana…
¡Qué entretenido artículo!
ResponderEliminarConfieso que me siento muy identificada.
¡Éxito con el bronceado!
Por si las moscas... Compra una buena dosis de Solarcaine!!!
ResponderEliminarExito en la mision...
Jejeje, saludos... Una Morena!!!