miércoles, 7 de julio de 2010

AL GIMNASIO DURANTE LA HORA DE COMER

Como mi marido tiene el mismo horario que yo ya no voy a almorzar a casa, de tal manera que las dos horas libres que tengo para comer me sobran, y como estoy en una etapa de la vida en que quiero borrar arrugas, perder kilos y hasta broncearme, tome la decisión de cada verano inscribirme en un gimnasio, a ver si aprovecho el tiempo y en vez de estar mirando el facebook, muevo un poco el trasero.
Llegar al gimnasio ya es un ejercicio, porque mi transporte es la bicicleta, como a las dos de la tarde hace un calor infernal el solo hecho de montarse en ella genera un gasto de calorías importante, de hecho sólo pensarlo me cansa jajajajaja...¡¡¡. Entonces cuando llego a destino ya estoy colorada como un tomate, sudada y cansada, igual que como debería salir de allí, menos mal que el lugar elegido no sólo sirve para hacer ejercicio, tiene un comodísimo Spa con todo lo necesario para dormir la siesta mientras las burbujas te golpetean la espalda, incluso tiene un solarium al aire libre que me parece utilizaré en mi afán de lograr el bronceado perfecto.
Al final el ejercicio estos último tres días se ha reducido al trayecto en bicicleta y mi caminata del camarín de mujeres a las camas de burbujas, esto de hacer ejercicio me ha encantado, aunque no me sirva para bajar de peso, ni mejorar mi condición física, llego a mi trabajo relajada y ya no me duele la espalda. En fin que lo del ejercicio nunca ha sido mi fuerte, además en mi caso con lo vaga que soy -nunca jamas en la vida subo por las escaleras si hay mecanicas o ascensor- cualquier movimiento muscular que haga es mejor que nada.
Nos vemos mañana...

No hay comentarios:

Publicar un comentario