Como mi marido tiene el mismo horario que yo ya no voy a almorzar a casa, de tal manera que las dos horas libres que tengo para comer me sobran, y como estoy en una etapa de la vida en que quiero borrar arrugas, perder kilos y hasta broncearme, tome la decisión de cada verano inscribirme en un gimnasio, a ver si aprovecho el tiempo y en vez de estar mirando el facebook, muevo un poco el trasero. Llegar al gimnasio ya es un ejercicio, porque mi transporte es la bicicleta, como a las dos de la tarde hace un calor infernal el solo hecho de montarse en ella genera un gasto de calorías importante, de hecho sólo pensarlo me cansa jajajajaja...¡¡¡. Entonces cuando llego a destino ya estoy colorada como un tomate, sudada y cansada, igual que como debería salir de allí, menos mal que el lugar elegido no sólo sirve para hacer ejercicio, tiene un comodísimo Spa con todo lo necesario para dormir la siesta mientras las burbujas te golpetean la espalda, incluso tiene un solarium al aire libre que me parece utilizaré en mi afán de lograr el bronceado perfecto.
Al final el ejercicio estos último tres días se ha reducido al trayecto en bicicleta y mi caminata del camarín de mujeres a las camas de burbujas, esto de hacer ejercicio me ha encantado, aunque no me sirva para bajar de peso, ni mejorar mi condición física, llego a mi trabajo relajada y ya no me duele la espalda. En fin que lo del ejercicio nunca ha sido mi fuerte, además en mi caso con lo vaga que soy -nunca jamas en la vida subo por las escaleras si hay mecanicas o ascensor- cualquier movimiento muscular que haga es mejor que nada.
Siempre he querido ser guapa, como todas las mujeres –aunque algunas no lo quieran admitir- queremos estar más lindas que la de al lado, o al menos igualarla. Como la realidad es otra, algunas -como yo- optamos por explotar lo bueno, esconder lo feo y mejorar lo que es posible sin bisturí, en mi caso eso se traduce en tapar el exceso de calorías de muslos y caderas, ponerme un buen sujetador push up, acentuar mi cintura y usar un maquillaje ligero. No soy un adefesio pero tampoco una reina de belleza, reconozco cuáles son mis puntos fuertes y odio esas sobras que presentan algunas partes de mi cuerpo, la ciencia como todo está en lograr un bonito conjunto.
Lamentablemente estamos en Julio, y en el hemisferio norte empieza el problema, y es que a medida que empieza a hacer calor y aquí hace DEMASIADO calor no quedan muchas opciones para tapar lo feo, por el contrario o queda todo a la vista o pareces musulmana. Como no tengo interés en padecer el verano europeo dentro de apretadas ropas que emulen el efecto de una sauna, modero la regla del tapar lo feo y hago mayores esfuerzos de realzar lo bonito, mejorando lo mejorable, de tal manera que para la fase más complicada del verano, la “visita a la playa” he aplicado mi política estrictamente, sin dejarme llevar por la moda actual y los colores brillantes que tantas ganas dan en estas fechas, me compré un biquini adecuado a mis falencias corporales, es cierto que extraño la cobertura -o más bien “tapadera”- que me da un buen pantalón, pero que se le va hacer celulitis tenemos todas y contra eso no se puede hacer nada.
Superado lo anterior surge el problema de toda la vida, un asunto que había asumido con estoica valentía años atrás pero que ahora me pesa y me molesta, soy chilena, y como latina todos pensarán que debería tener esa bronceada piel que la mayoría de los sudamericanos puede exhibir para la envidia del resto, pero NO…¡¡¡, muy chilena seré pero mis padres me heredaron genes que no incluían nada de color castaño, no es que no me gusten, si para algunas cosas esta bien, pero mi piel es más blanca que la leche y lo peor es que no logro broncearme, si llego a ponerme bajo el sol sin aplicarme antes una crema con un factor de protección solar inferior a 50 lo único que obtengo es una maravillosa insolación, mi piel pasa del inmaculado blanco al rojo cangrejo o “jaiva” como dirían en mi país, y luego de pasármelo fatal durante un par de días viene la parte más linda, la piel se me empieza a pelar o “despellejar”, en resumen lo que me sucede es pasar de blanco a rojo para terminar en manchado.
Ante ese pronóstico llevo ya varios veranos asumiendo el blanco y proclamando a tres vientos sus ventajas (menos arrugas, evitas una enfermedad de piel, etc.), pero la verdad es que son solo patrañas para esconder mi más absoluta envidia de aquellos que si lo obtienen, ese maravilloso color bronceado que hace que cualquier prenda de ropa se te vea diez veces mejor, sobretodo si se trata de colores veraniegos, a si que este año me revelo nuevamente contra mi ADN y tomaré el sol con todos los productos de bronceado que existan hasta que encuentre uno que me haga efecto, me aguantaré cual lagartija bajo el sol ardiente hasta conseguir el tono de piel que siempre he soñado, al final de la temporada me pasearé como pavo real vestida de blanco por la costanera y me sacaré miles de fotos para recordar que alguna vez si logré ser morena.
Hace unos días estaba feliz por el nuevo horario de mi marido, al fin tendríamos una vida medianamente normal, -y así fue-, ayer cenamos juntos y hasta vimos las noticias de la noche en el sillón. Diego respetó mis rutinas diarias que antes ejecutaba a mi ritmo, jueves me hago las uñas, limpieza del baño, ordeno un poco las facturas y veo mi serie en la “cuatro”, aunque debo reconocer que a veces me paso un ratito a la “sexta” para reírme de la mujeres ricas (programa que a mi modo de ver está hecho para burlarse de la gente millonaria). Cuando digo que respetó mi rutina me refiero a que de verdad lo hizo, claro, si apenas tocó el sofá se quedó frito y llegaba a humear dormido, jajajaja…¡¡¡, era como estar sola pero con un lirón en mi salón, sólo alcanzó a estar conciente durante la cena, por supuesto…¡¡¡ preparé bistec con papas fritas, así era imposible que se durmiera, pero una vez hubo acabado de lavar los platos (le tocaba a él porque yo había cocinado), volvió a su letargo de inconciencia absoluta y no despertó sino hasta la hora de irse a acostar. Por supuesto a esa hora ya no tenía nada de sueño y con los 30 grados que tenemos dentro de casa, a los diez minutos de acostarse la cama parecía un rollito de tanta vuelta que se daba, yo que llevo costumbre de dormirme en el sofá a la una y luego despertar a las 2 de la mañana cuando él llegaba del trabajo, ya tengo habilidad para coger sueño entrecortado o dormir en lapsos de 2 horas, a si que me dormí antes de darme cuenta del insomnio que inquietaba a mi marido, al final el pobre terminó durmiéndose a las 3 o 4 de la mañana, yo ni me enteré, hasta que se levantó a las 7 para irse a trabajar y se quejaba tanto que también me despertó, en definitiva creo que esto de la normalidad será un proceso que demoraremos algunos días en conseguir, nos acostumbramos a la rareza ahora toca hacer lo contrario, en el tiempo intermedio aguantarse las consecuencias. Nos vemos mañana...
Mi marido al fin tendrá un horario razonable de trabajo, resulta que mañana empieza a trabajar a partir de las 8 de la mañana hasta las 5 de la tarde, esto que para la mayoría es lo normal, para nosotros es casi la gloria, Diego es Chef desde hace ya más de 8 años, sus trabajos siempre contemplan horarios que parecen imposibles, mientras todos descansan o celebran, el trabaja y viceversa. Yo que debo cumplir un horario de oficina normal hago malabares y duermo menos horas para poder mantener alguna conversación adulta, almuerzo todos los días en casa (lo que implica escaparme del trabajo corriendo para llegar rápido) y así al menos pasamos una hora despiertos y consientes para discutir lo que sea necesario, espero hasta las dos de la mañana para saludarlo cuando llega del trabajo y el se levanta a las 8 de la mañana para desayunar conmigo y despedirse, los fines de semana el trabaja más horas y el lunes que tiene libre yo estoy empezando mi semana, el resultado siempre estamos disponiéndonos y no peleamos por nada, y es que no tenemos tiempo jajajaja....¡¡¡. Mañana eso cambia y seremos normales, como todo el mundo, tan normales que incluso podremos estar juntos los domingos, podemos pensar en salir a cenar un viernes por la noche o mejor aún salir de fiesta el sábado. Por supuesto no todo puede ser tan perfecto, alguna trampa aparecerá por el camino, seguro que terminamos aburridos como la mayoría, viviendo la vida cotidiana de todos, paseando al perro -que no tengo- y viendo las noticias de las nueve de la noche juntos...¡¡¡. En mi afán de ser siempre absolutamente distinta al prototipo, me propongo no ser la típica pareja, mantendremos nuestras raras costumbres de madrugada, desayunos medio dormidos en la cama y salir de fiesta a las una de la mañana del día lunes, emborracharnos los dos solos y sin razón aparente a las tres de la mañana del viernes y terminar bailando en el salón de la casa cual discoteca de moda, pobres vecinos, o tienen horarios tan raros como los nuestros o son tremendamente tolerantes. Espero no caer en la rutina, aunque lo que hago actualmente también es parte de eso, lo diferente es que es una rutina divertida, tenemos más de 30, pero vivimos como adolescentes, sin ninguna de las restricciones de la vida junto a los padres, y por supuesto con un poder adquisitivo muchísimo mayor, es la gloria a o no...? Nos vemos mañana...
Me he propuesto escribir los libros que siempre he querido leer, ya he cumplido más años de los que quisiera, no tengo hijos ni he plantado un árbol, vivo en un pequeño loft en medio de la ciudad por lo que me parece que demoraré bastante en lo que debería ser sencillo, el maldito árbol tendrá que esperar y si es por los hijos, el tema pasa a tener un tono aun más oscuro, tengo marido, no tenemos perro ni responsabilidades más graves que pagar nuestras exiguas cuentas, mi vida sexual es perfecta, por que arruinarla???. Conclusión el libro será primero, a ver si cuando lo termino me baja el instinto maternal y me dan ganas de leérselo a alguien más.
Como escribir es prácticamente lo que he hecho toda mi vida supongo que no puede ser tan difícil, lamentablemente soy una adicta a Google y para averiguar cualquier tema que me interese se lo pregunto derechamente a este super buscador, y -creanlo o no- siempre, siempre consigo las respuestas, parece irónico, pero lo mejor es formular la bendita duda, hasta ahora siempre alguien se lo ha preguntado antes y otro alguien ha sido lo suficientemente amable como para responder esa incógnita. La pregunta esta vez fue ¿cómo escribo un libro?, ja...¡¡¡, así tan simple y si, más de 300.000 entradas, por supuesto hice lo que todos -leer las primeras 10 más interesantes-. Lamentablemente lo que leí me dejó absolutamente absorta además de que no resulta tan simple escribir un libro, los expertos plantean esto como una labor a tiempo completo, que requiere disciplina y constancia, recomiendan una serie de ejercicios, como es escribir todos los días al menos una carilla, Jajajaja...¡¡¡, si vieran mis mails, ninguno puede tener menos 200 palabras, y envío al menos unos 15 o 20 diarios, es que he elegido la profesión de los escritores y no es letras, soy abogado y lo que más he hecho en mi vida profesional es estar frente al ordenador escribiendo, redactando, corrigiendo manuscritos, informes, demandas, contratos, proyectos, etc. Redactar de manera perfecta, precisa y organizada es mi gran habilidad, de hecho se me da de manera natural, puedo describir una situación completamente injusta de tal manera que su lector creerá que es lo contrario, el truco es convencer, mis discursos hacen llorar o reír, se escuchan, me gusta escribir, pero sobretodo me gusta cuando se lee lo que yo he creado. Por lo tanto no me basta con escribir el libro, yo quiero que se publique, que se venda y que muchos perfectos extraños lo disfruten, lo comenten y lo critiquen. Ante esto, segunda pregunta ¿que hacer para que mi libro se publique?, respuesta de Google 500.000 entradas. Uno de los artículos que me pareció serio y razonable elaboraba toda una propuesta de presentación del libro a una editorial, uno de sus consejos era adjuntar la dirección de blog del autor, y como no tenía y era lo más fácil decidí empezar por ahí, este es mi blog, lo escribo porque quiero escribir un libro y publicarlo, si este es el camino, pues estoy dispuesta a recorrerlo, porque si hay algo en lo que soy mejor que escribiendo eso es cumpliendo mis objetivos, uno a uno, aunque cueste y demore lo que demore, siempre llegaré al final. Nos vemos mañana...